viernes, 16 de enero de 2009

El aseo de tu perro


Baño: A la mayoría de los cachorros no les gusta bañarse, pero tampoco es necesario hacerlo a menudo. Báñalo sólo cuando lo necesite. Los baños demasiado frecuentes pueden sacar la piel y el pelaje y a menudo producirle caspa. Utiliza un champú de alta calidad (para perros) recomendado por el veterinario y asegúrate de enjuagarlo bien. Si lo prefieres, deja el baño a profesionales de la peluquería canina, aunque puede ser costar caro según el tamaño de tu perro.

Cepillar y Peinar:
el aseo diario del cachorro es responsabilidad tuya. Él aprenderá a disfrutarlo si lo haces bien.Sujetale la piel con una mano y el cepillo o pine con la otra. Así no le “tirarás” ni le harás daño al cepillarlo.Durante la estación de muda, puedes utilizar un guante para los cachorros de pelo corto y un cepillo de muda para los de pelo largo. Las orejas:Deben estar siempre limpias y sin restos de secreciones. Sus formas son muy variadas (largas, cortas, caídas, enroscadas, etc) y también su longitud. Las erguidas suelen tener menos problemas, ya que se oxigenan mejor y las controlamos con más facilidad. Debemos aprender a revisar las orejas para descubrir cualquier cambio de olor, color o secreción respecto a su estado normal. No hay que usar bastones de algodón, ni alcohol o agua oxigenada, puesto que existen productos especiales para su limpieza preparados para no alterar la flora bacteriana del oído ni irritar la mucosa que lo recubre internamente. Tenemos que tener en cuenta que el conducto auditivo del perro no es recto como el nuestro, tiene una forma de L que impide que accedamos fácilmente al tímpano. La limpieza del pabellón de la oreja se puede hacer con toallitas húmedas (como las de los bebés, pero impregnadas con una solución especial para la limpieza de la oreja) o un papel suave humedecido con suero o aceite de oliva.

La Boca
: Los restos de alimentos diarios se depositan en el diente y hacen que se forme una capa de sarro (que habrá que retirar) y, como consecuencia de ello, la infección de la encía (gingivitis) y la posterior enfermedad de toda la boca (parodontitis). Si la encía inflamada se retrae de la raíz del diente y éste tan sólo se sujeta con el sarro, ocurrirá que, cuando menos lo esperemos, nuestro perro se quedará sin piezas y entonces poco se podrá hacer. Para prevenirlo, conviene habituarse a limpiarle los dientes con un cepillo suave y pasta de dientes para perros, como mínimo, una vez a la semana.
Existen en el mercado cepillos especiales para perros, al igual que la pasta (que no necesita aclarar y enjuagarse la boca). Estos cepillos o “dediles” son cómodos y fáciles de usar, pero tan sólo la constancia demostrará su eficacia.
También puedes adquirir en tiendas especializadas productos específicos que, en forma de spray y aplicado previamente a la masticación de alimento seco, evitan la formación de sarro.
Además:
- Conviene revisar que realicen con normalidad los cambios de dientes (de los primeros de cachorro, caducos, a los permanentes) y que el cierre de maxilar y mandíbula sea el correcto. Los animales con defectos como el prognatismo superior (sobresalen los dientes superiores sobre los inferiores) o prognatismo inferior (lo contrario) pueden alimentarse sin problemas, pero serán defectos graves en los animales que quieran concursar en exposiciones.
- Las revisiones bucales nos ahorrarán problemas posteriores.
- Existen correctores para los dientes que, a causa de una mala inclinación, provocan una mala oclusión o cierre de la boca. Si no son colocados en un momento determinado, después será muy difícil solucionar el problema.
- No debes permitirle que juegue con piedras que desgasten en exceso el diente y lo dañen. Es mejor acostumbrarle a las pelotas, cuerdas o palos.
- Cuando un diente quede dañado por un accidente o caída, hay que repararlo cuanto antes o se perderá.
El dolor que manifiestan los perros por problemas bucodentales puede llevarlos a un estado de letargia y decaimiento, dejan de comer y muchas veces es difícil descubrir la causa. Esto sucede sobre todo en animales adultos cuyos dientes se partieron por jugar con piedras o nunca se lavaron. No debe preocuparnos cuando no soportamos su mal aliento.


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